Malecón en China


 

 

Uno de los atractivos más celebrados de la ciudad de Santo Domingo es el lujo incomparable de su malecón. Aunque no se conoce a ciencia cierta el origen de la palabra, el Diccionario de la lengua española registra tres acepciones, todas ellas relacionadas con una construcción cercana al mar. El malecón puede referirse a un ‘murallón o terraplén construido como defensa de las aguas’; puede también usarse como sinónimo de rompeolas, un ‘dique avanzado en el mar para procurar abrigo a un puerto’. En el Caribe el malecón es además ese ‘paseo que corre paralelo a la orilla del mar o de un río’.

Aunque es una perogrullada no me resisto a recordar que malecón lleva tilde. Estamos ante una palabra aguda (esto es, cuya sílaba tónica es la última) terminada en ene; estas dos condiciones exigen la presencia de la tilde sobre la vocal nuclear de la sílaba tónica. Si no ponemos la tilde, estaremos incurriendo en un error ortográfico; también si la escribimos en mayúsculas: MALECÓN; también si la escribimos como parte de una etiqueta de las que ahora tanto usamos para las redes sociales: #malecón.

 

Nuestro flamante alcalde capitaleño ha adornado un área del malecón con una etiqueta gigante: *#maleconSD. Una etiqueta a la que solo le falta un pequeño gran detalle para que los capitaleños podamos usarla con orgullo: la tilde. Salvo muy honrosas excepciones es un mal general en los rótulos oficiales en toda la ciudad. Tarjas, estatuas, callejero, señalización vial, campañas publicitarias, nuestro Santo Domingo necesita un buen repaso ortográfico. Por favor, señor alcalde, queremos amar a nuestra ciudad, pero tiene usted que reconocer que a veces nos lo ponen ustedes en China.

 

Unas gotas de amor


Ay, la nuevas tecnologías. Fenómenos nuevos, o no tan nuevos ya, que nos ponen en la necesidad de utilizar nuevas palabras. Siempre está el recurso fácil de tomarlas prestadas de otras lenguas, pero sacudámonos la pereza

y la vacilación con unas gotas de esfuerzo y cierta dosis de amor por nuestra lengua.

La semana pasada recordábamos que las etiquetas son mejores que los hashtags. Descubramos que el español cuenta con las palabras necesarias para hablar en la red y de la red.

Trabajemos en línea (mejor que online). Vamos al inicio de sesión (mejor que al login) y escribimos la contraseña (mejor que el password). Si el programa (mejor que el software) funciona, pulsamos en el enlace (mejor que en el link) y entramos en una página electrónica, si me apuran, hasta en una página web (mejor que en un website); participamos en un seminario web (mejor que en el espantoso webinar) y lo hacemos en directo (mejor que en streaming).

Muchas veces hasta tenemos sinónimos donde elegir. Queremos copiar lo que se muestra en nuestra pantalla, pues recurrimos al pantallazo o a la captura de pantalla (mejor que al screenshot). Si tenemos miedo de los ciberataques, no olvidemos el antivirus y el cortafuegos (mejor que firewall). Nos ayudarán a evitar el correo basura (mejor que spam) entre nuestros correos electrónicos (mejor que e-mails). Antes de cerrar, no olviden, por si acaso, la copia de seguridad o el respaldo (mejor que el backup) y, si no, súbanlo a la nube, mi término tecnológico preferido.

Aparecerá el parejero que diga que «en inglés se oye mejor»; nosotros sabemos que esa afirmación solo oculta inseguridad y poco dominio lingüístico.

 

Trinos y errores


Hablamos y hablamos sobre lo mal que se escribe en las redes sociales. Yo, fiel usuaria de Twittfotos-juan-ramon-2007-039er, trato de defenderme abandonando las cuentas que no respetan, aunque slo sea un poco, las normas ortográficas, gramaticales y léxicas. Respeto demuestra, a mi entender, respeto por sus seguidores.

No le aplico el mismo rasero a los medios informativos dominicanos. Los sigo porque me gusta estar informada. Y aquí sí que no me libro de alguna que otra barrabasada. Ahora que están tan de moda las listas me he decidido a confeccionar una que recoge los errores que más me llaman la atención en sus tuits.

1) Todavía no hemos aprendido que el prefijo ex- debe escribirse unido a la base léxica: tenemos cientos de *ex jugadores y *ex esposos.

2) No distinguimos bien cuándo debemos usar porque, por qué o

porqué: «Revela *porqué «le entró» a golpes».

3) Ay, las mayúsculfotos-juan-ramon-2007-039as. Las usamos cuando no toca, por ejemplo, n las enfermedades («En RD no hay condiciones para enfrentar *Ébola»); o no las utilizamos cuando se necesitan, por ejemplo, en las instituciones («Banderas rueda el hallazgo de Altamira, «que enfrentó a *iglesia y ciencia»»).

4) Tenemos un problema serio con las mayúsculas y los signos de puntuación: «Esposo de Shakira reconoce que su nivel futbolístico ha bajado. ¿*por qué lo dijo?». Después de punto escribimos inicial mayúscula, aunque haya un signo de interrogación por m
edio. Después de una coma escribimos minúscula inicial, aunque haya un signo de admiración por medio: «¿Vas a almorzar? Entonces, ¡*Buen provecho!».

No están ordenados por frecuencia ni por importancia (todos son frecuentes e importantes), pero todos están ejemplificados con mensajes reales, sin mencionar el medio responsable, por aquello tan antiguo de que se dice el pecado, pero no el pecador. Vayamos practicando con estos cuatro, que la media docenita que falta la dejamos para la próxima «Eñe».

 

Una de romanos


dsc02124 Aunque parezca una incongruencia a los números también se les aplican las reglas ortográficas, y, para escribir correctamente un texto, tenemos que prestar atención a estos detalles. Recuerdo que antaño formaba parte de nuestra formación escolar el aprendizaje de la numeración romana, un sistema de representación de los números mediante letras del alfabeto. Siete letras con un valor fijo cada una, siempre en mayúsculas y sin espacios que las separen.

Las mayúsculas tienen una razón de ser histórica: el alfabeto latino originalmente solo utilizaba letras mayúsculas. Aunque en nuestra lengua este sistema de numeración ha quedado restringido a usos muy concretos, desplazado por el sistema arábigo desde la Edad Media, no está de más conocerlo, como buenos hablantes.

Los encontramos en las series de reyes o papas que tienen el mismo nombre. Como el papa Francisco es el primero de su serie (en tantas cosas, no solo en el nombre) obviamente no necesita acompañarlo con la cifra romana.

Los números romanos se aplican en la numeración ordinal de las series de congresos, exposiciones, certámenes o competencias deportivas: XVIII Muestra Internacional de Cine de Santo Domingo. Los números romanos llevan en sí mismos este valor ordinal por lo que no debemos recurrir a la letra volada para marcarlo: *II.ª Jornada de Investigación Académica.

Aparecen con frecuencia para indicar el mes en una fecha: 12-X-2016. Con este fin los leemos en los monumentos y en las placas conmemorativas. Por cierto, y no solo en lo relacionado con los números romanos, no estaría de más que nuestras autoridades prestaran un poco de atención ortográfica de vez en cuando a estos rótulos. Creo que como ciudadanos y buenos hablantes, o aspirantes a serlo, nos lo merecemos.

Maratón de español


IMG_7284     Si hacemos caso de la definición académica, una tertulia es la reunión de personas que se juntan habitualmente para conversar o recrearse. Ambas cosas hicimos en una en la que tuve el honor de ser ponente para tratar sobre las nuevas, y no tan nuevas, reglas ortográficas del español. La aridez que muchos temen en esta materia desapareció gracias a una concurrencia interesada y participativa que sumó el aprendizaje a la conversación y la recreación. Entre las muchas preguntas que surgieron me gustó una relacionada con el género de la palabra maratón, ‘en atletismo, carrera de resistencia en la que se recorre una distancia de 42 km y 195 m’. Su origen está en el nombre de una localidad griega, Maratón, situada a 42 km de Atenas. Un soldado griego, en el año 490 a. C., recorrió esta distancia para anunciar la victoria sobre los persas. Cuando la palabra maratón comenzó a designar la competición atlética, a principios del siglo XX, lo hizo en género masculino: el maratón; posteriormente también se generalizó su uso, válido igualmente, en femenino: la maratón. Por esta razón encontramos en la definición del diccionario académico las abreviaturas m. (‘masculino’) y u. t. c. f. (´úsase también como femenino’). Es un caso precioso de nombre propio transformado en nombre común y que ha desarrollado con el tiempo nuevas acepciones. También con ambos géneros podemos usarlo para denominar una competición de resistencia o una actividad larga e intensa que se desarrolla en una sola sesión. Un maratón de ortografía o una maratón de gramática no nos vendrían mal a muchos. ¿Se atreven?

In flagrante


Solemos usar la palabra flagrante formando parte de la locución adverbial in flagrante, como en el ejemplo Nos pillaron en flagrante. Esta locución significa ‘en el mismo momento de estarse cometiendo un delito’. Por eso, si a la locución le añadimos eSevilla verano 2008 067l sustantivo delito estaremos ante una redundancia. No así si lo usamos como adjetivo, con el significado ‘de tal evidencia que no necesita pruebas’, como en un delito flagrante. Es necesaria mucha finura lingüística para percibir los múltiples matices de cada palabra.

Esta es una de nuestras mejores oportunidades para crecer como hablantes. La propiedad en el uso de una palabra depende fundamentalmente del conocimiento y el dominio de los matices de su significado. Aprendemos a apreciarlos y conseguimos aplicar correctamente nuevas acepciones de palabras que ya conocíamos mediante la lectura reposada y el uso del diccionario. No hay mejor método para entender en profundidad lo que leemos, ampliar nuestro vocabulario y, al mismo tiempo, hablar cada día con más propiedad.