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» literatura Letra zeta

Cercas sobre las sombras


En España se escribe y se escribe sobre la guerra. Yo leo y leo, porque quizás lo que nos duele solo puede asumirse cuando lo leemos.
Javier Cercas conjura las sombras del pasado y la poca fiabilidad de la memoria con un valiente ejercicio de memoria y de literatura, de historia y fantasía, y se convierte en el narrador de sí mismo, y de todos los que a través de él siguen vivos, vencedores o vencidos, falsos vencedores y falsos vencidos. Nos advierte que «no es verdad que el futuro modifique el pasado, pero es verdad que modifica el sentido y la percepción del pasado». Y no hay nada que contenga más futuro que un libro.
Si al novelista le está permitida la literatura, a los lectores nos está permitida la lectura que nos ayude a divisar nuestra patria, aquella por la que lloró Sancho cuando la oteó en lontananza al regreso de sus aventuras escuderiles, y a reconocernos en ella; si no a asumir la culpa, sí al menos a  asumir la responsabilidad.
Y 《si uno es de donde da su primer beso y de donde ve su primer western, yo me declaro de donde leí mi primer libro.
El monarca de las sombras sobrevive en esta novela y vive la larga vida de los libros.

Parker y Nueva York


Preparo un nuevo viaje a Nueva York. Para mí pensar en Nueva York es recordar a
Dorothy Parker. Bajo a la biblioteca y busco en la estantería que guarda los libros que están esperando lectura. Siempre llena. Leo y leo y la pila nunca baja. Y digo pila porque apilo los libros que aún no he leído. Un viaje reciente cargado de visitas ha acrecentado la pila. Para mí el placer de leer se acrecienta cuando contemplo esa pila de páginas que me asegura que el horizonte está plagado de palabras.

Ya he leído a Dorothy Parker; la descubrí hace unos años en un librero de viejo. Fue leer su primer cuento y devorar todo lo que encontré firmado por ella. Entre mis últimas adquisiciones está una bellísima edición que Lumen ha hecho de sus cuentos: Colgando de un hilo. 

Echo a Dorothy Parker y a Colgando de un hilo en la maleta, aunque no es precisamente un libro de bolsillo. Esta vez no importa. Tengo solo unos días para Nueva York y llevo la maleta casi vacía.

Si leemos una obra cuya lengua original no es el español tenemos que asegurarnos de que la traducción no desmerezca. No desmerecen a Parker en absoluto los traductores Jordi Fibla, Celia Filipetto y Carmen Franci. Isabel Núñez se atreve con el poema que abre el libro: Hombres con los que no me he casado. Simone Massoni es responsable de las ilustraciones. Sin estorbar, enredan las páginas del libro con un extraordinario cable telefónico rojo que enlaza tacones de aguja, copas de martini, collares de perlas, baúles de viaje, ramos de flores con su tarjeta, teteras, polveras, barras de labios…

La mordacidad de Dorothy Parker me estimula y la hacía imprescindible en la tertulia del Algonquin, al este de la calle 44 en Manhattan. Sus mujeres neoyorquinas, siempre pendientes del hilo telefónico, continúan hablando en sus páginas. Su legado está en manos de la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color. Todavía resunan sus palabras en los diálogos de Ha nacido una estrella (1937) y basta recorrer las calles al oeste de Broadway y paladear un sorbo de buen whisky, o releer sus cuentos bien despacio, para que Dorothy Parker reviva una vez más en Nueva York.

 

Un encuentro esperanzador


Casi todos odiamos la salas de espera; sin embargo, a veces esos espacios de paso nos brindan sabrosos encuentros. En la sala de espera de una oficina pública me encontré con un joven de unos quince años inmerso en la lectura de El amor en los tiempos del cólera, del magistral Gabriel García Márquez. Sí, inmerso, sumergido entre palabras, como nos gusta estar a los lectores. Siempre que encuentro a alguien leyendo me pica la curiosidad. Lo abordé y me contó que leencantaba García Márquez. Seguí curioseando; quizás llevada por la deformación profesional; quizás porque, casi siempre, me reconozco en los lectores. Cien años de soledad era su preferido.           verano-2005-237

La sorpresa no se quedó ahí. En nuestra conversación surgieron Los Miserables de Víctor Hugo, la Marianela de Pérez Galdós y las Grandes esperanzas de Charles Dickens. Nos enredamos entre títulos y géneros. El trámite que el joven lector había ido a hacer y su espera terminaron. Me quedé con ganas de seguir preguntando, por ejemplo, si ya se había topado con don Quijote y Sancho Panza en alguna de sus aventuras librescas. Si hay algo que disfrutamos los lectores es leer y hablar de libros.

Emilie Buchwald escribió que «los niños se hacen lectores en los regazos de sus padres»; yo añado, con permiso de doña Emilie, y con la guía de sus maestros. Estoy segura de que mi amigo lector ha disfrutado de padres lectores o de un buen maestro, o de ambos. La vida nos reserva, en los sitios más insospechados, pequeñas experiencias que nos reconcilian con ella.

Comienzo de mi camino de la lengua


Puerta de Santa María, Burgos

Puerta de Santa María, Burgos

Un reciente viaje por tierras castellanas me trajo a la memoria aquellas primeras lecturas de los clásicos de la literatura en lengua española. Burgos tiene al Cid como gran protagonista. Sus calles recuerdan la figura histórica y literaria y, cuando las recorremos con los libros en la mano, se convierten en un escenario poético inigualable.

El Cid es el héroe épico por excelencia y el protagonista del primer poema épico conservado de la literatura en español. Los libros están muchas veces rodeados de magia. Del manuscrito del Cantar de Mio Cid se perdió la primera página. Este hecho fortuito ha provocado un efecto poético extraordinario; los primeros versos del Cantar primero nos enfocan a Rodrigo Díaz cuando, al alejarse de su Vivar natal desterrado por orden real, vuelve los ojos al hogar que abandona. Un momento especial en el que el héroe se encuentra en una encrucijada vital. Una injusticia lo aleja de su casa y lo enfrenta a su destino.

De la extraordinaria edición crítica del Cantar de Mio Cid de Alberto Montaner[1], publicada por la Real Academia y la Asociación de Academias de la Lengua Española,  les copio estos primeros versos con los que se inaugura la poesía épica en español (para los que tengan dificultad con el castellano antiguo trato de parafrasear al poeta castellano con la ayuda de las notas críticas imprescindibles de Montaner):

 

De los sos ojos      tan fuertemientre llorando,

tornava la cabeça      e estávalos catando.

Vio puertas abiertas      e uços sin cañados,

alcándaras vazías,      sin pielles e sin mantos,

e sin falcones        e sin adtores mudados.

 

En un primer plano, potenciado por el uso del gerundio, el Cid llora intensamente, vuelve la cabeza y mira hacia su casa. Ve las puertas que han quedado abiertas, sin candados, porque ya no tienen nada que guardar. El héroe ha sido desterrado y desposeído de sus pertenencias por el rey Alfonso VI el Bravo (1030-1109). Las alcándaras vacías se refieren a las perchas que ya no portan pieles ni mantos, ni tampoco halcones o azores, aves de cetrería tan preciadas en la época.

Catedral de Burgos bajo la luz de la luna

Catedral de Burgos bajo la luz de la luna

Tras su paso por la ciudad de Burgos, cuya población no puede, por orden real, prestarle auxilio, parte definitivamente hacia su destierro:

Ya lo vee el Cid,                que del rey non avié gracia;

partiós’ de la puerta,         por Burgos aguijava,

llegó a Santa María,        luego descavalga,

fincó los inojos,            de coraçón rogava.

La oración fecha,        luego cavalgava,

salió por la puerta           e Arlançón passava;

 

El Cid se arrodilla en la catedral de Burgos, consagrada a Santa María, y ora. Deja atrás Burgos por la puerta de la muralla y atraviesa el río Arlanzón.

Y es entre la puerta y el río donde Burgos eleva la estatua ecuestre que recuerda al héroe épico castellano. Hacer este mismo recorrido a pie, por las hermosas calles y plazas y burgalesas, nos transporta al escenario que vio nacer estos versos. La emoción poética, para quien camine con sensibilidad, está garantizada.

[1] Anónimo, Cantar de Mio Cid, RAE y AALE, Madrid, ed. crítica, estudio y notas de Alberto Montaner Frutos.

Taller de lectura de los clásicos


Taller de lectura Medievo GeneralLa Academia Dominicana de la Lengua y la Tertulia Lingüística de la Academia Dominicana de la Lengua han organizado para el año 2015 el Taller de lectura de los clásicos. Nuestro objetivo es la promoción de la lectura y el acercamiento de los lectores a las obras literarias emblemáticas en lengua española.

El Taller de lectura de los clásicos de la ADL se desarrollará durante el año 2015 en un  recorrido a través de los textos paradigmáticos de nuestra literatura desde sus orígenes y estará dirigido por la académica de número María José Rincón González.  

Las sesiones se celebrarán en el salón de actos de la Academia Dominicana de la Lengua, con una periodicidad mensual, el segundo miércoles de cada mes a las 6 de la tarde. Cada sesión se dedicará a un fragmento breve y representativo de una obra clásica y tendrá una duración de dos horas. La participación en el Taller de lectura de los clásicos es libre y gratuita hasta completar el aforo.  

Además del fomento de la lectura y del acercamiento y aprecio por nuestra literatura, la Academia se propone proporcionar a los participantes las habilidades lectoras necesarias para el disfrute y el aprovechamiento de los textos clásicos.

Los talleres tendrán la siguiente estructura, adaptada en cada caso a las necesidades del texto concreto:

Breve introducción al contexto histórico y literario de cada obra

Lectura apoyada

Léxico y de la estructura gramatical

Comentario textual

Puesta en común