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» vocabulario Letra zeta

Tres días en Madrid. Ñapa


Tres días en Madrid. Tres días con las palabras. Ñapa de la segunda jornada. Cargada de buenas ideas y con ganas de seguir trabajando en proyectos comunes para el conocimiento y la divulgación del buen uso de la lengua española, después de un cafecito en el salón de pastas, la Casa de las palabras me reservaba una alegría más: conocer el fichero lexicográfico general de la Academia. Imaginen una colección de gaveteros, poblados de infinidad de pequeñas gavetas, en las que se custodian más de diez millones de papeletas. Ojo, no se trata de diez millones de esas papeletas que se están imaginando ustedes. Los lexicógrafos denominan papeleta a cada una de las fichas en las que registran, con las citas correspondientes, los usos de las palabras.

A los que ya manejamos bases de datos informatizadas se nos hace impensable la sola idea de manejar pequeñas gavetas atestadas de fichas cada una de las cuales documenta un uso, un ejemplo, una acepción, una cita literaria. Sin embargo, solo la visión de algunos de estos inmensos gaveteros sirve para dar una idea muy concreta de lo que supone enfrentarse a la elaboración de un diccionario, por pequeño y modesto que este sea. Sirve también para valorar y para honrar el trabajo de los lexicógrafos, artesanos del lenguaje, a cuyas obras recurrimos tan a menudo, o al menos deberíamos hacerlo, y de cuyo esfuerzo tan poco nos acordamos.

Para los que gusten de bucear en estos ficheros está disponible su consulta gratuita a través de la página del Nuevo diccionario histórico del español. Los vetustos gaveteros se conservan en la RAE; los nuevos lexicógrafos podemos aprovechar su contenido y seguir honrando el trabajo y la dedicación de las personas que los construyeron.

Recetas


Hoy que conmemoramos el aniversario del nacimiento de jacinto Gimbernard comparto la columna que publiqué a comienzos de 2017 dedicada a la palabra medalaganario.

Para empezar el año quiero recordar la curiosa obra que Jacinto Gimbernard publicó en 1980, una evocación nostálgica de aquellos inicios del siglo XX en los que su padre editaba la revista Cosmopolita. Un lector puntilloso, preocupado por la errática periodicidad de la revista, preguntó con cierto retintín si la revista era un semanario, un quincenario o un anuario. A la curiosidad del lector don Bienvenido respondió con seriedad: «medalaganario»; su hijo convierte la respuesta en el título de su obra: Medalaganario. No sabemos si don Bienvenido fue el primero; de lo que sí estamos seguros es de que surge así una nueva palabra, aprovechando los mecanismos que la lengua pone en marcha para la creación de nuevas voces.

La receta es la siguiente. Tome una locución verbal que se usa con frecuencia en el lenguaje coloquial: darle algo la gana a alguien. Conjúguela en tercera persona del singular: me da la gana. Conviértala en una raíz compuesta a partir de este verbo y estos pronombres: medalagan-. Aplique la derivación añadiéndole a esta base léxica el sufijo -ario/aria; esta derivación adjetival convierte el compuesto inicial en un adjetivo: medalaganario o medalaganaria. Si queremos rizar el rizo podemos incluso convertirlo en adverbio utilizando el método (todavía no nos decidimos los lingüistas si de derivación o de composición) de sumarle -mente a su forma femenina: medalaganariamente.

Ahora solo falta que la chispa de un hablante concreto prenda en el gusto de muchos, y que esa chispa se mantenga en el tiempo. Su creación acierta a ofrecer un término nuevo que resulta útil para calificar según qué acciones o decisiones, que, todo hay que decirlo, entre nosotros son más que frecuentes. Nosotros la adoptamos y la seguimos usando. Ha nacido una palabra. Y yo la adopto para hoy, con la primera «Eñe», celebrar mi cumpleaños y comenzar 2017 medalaganariamente.

In flagrante


Solemos usar la palabra flagrante formando parte de la locución adverbial in flagrante, como en el ejemplo Nos pillaron en flagrante. Esta locución significa ‘en el mismo momento de estarse cometiendo un delito’. Por eso, si a la locución le añadimos eSevilla verano 2008 067l sustantivo delito estaremos ante una redundancia. No así si lo usamos como adjetivo, con el significado ‘de tal evidencia que no necesita pruebas’, como en un delito flagrante. Es necesaria mucha finura lingüística para percibir los múltiples matices de cada palabra.

Esta es una de nuestras mejores oportunidades para crecer como hablantes. La propiedad en el uso de una palabra depende fundamentalmente del conocimiento y el dominio de los matices de su significado. Aprendemos a apreciarlos y conseguimos aplicar correctamente nuevas acepciones de palabras que ya conocíamos mediante la lectura reposada y el uso del diccionario. No hay mejor método para entender en profundidad lo que leemos, ampliar nuestro vocabulario y, al mismo tiempo, hablar cada día con más propiedad.

Nuevas posibilidades, nuevas palabras


Muchos nos hemos incorporado a la marea de las redes sociales. Reconozco que resulta fácil caer en la tentacióCaptura de pantalla 2016-03-30 a las 12.17.17n de expresarnos y comunicarnos con inmediatez. Los que disfrutamos hablando y escribiendo estamos de enhorabuena aunque, a veces, nos encontramos con la dificultad de adaptar el lenguaje tecnológico, cambiante y efímero como las nuevas tecnologías, a un uso respetuoso con nuestra lengua materna.

Las palabras siguen su curso y las Academias proponen las formas más adecuadas. Hace unas semanas me sumé a los usuarios de Twitter. Es una forma sencilla y ligera de proponer consejos útiles pero nos exige aprender nuevas palabras y su ortografía. Si lo que hacemos es mandar un mensaje a través de Twitter, estaremos tuiteando. Del verbo inglés to tweet se forma el español tuitear, siguiendo el modelo de otros verbos castellanos que se han formado a partir de verbos ingleses, terminados en consonante, a los que se le añade el español –ear. Recuerden que, en su día, tuvimos que aprender también a usar los escáneres, a escanear, a enviar escaneos.

Los tuiteos nos mantienen informados o comunicados. Para compartir los que nos parecen interesantes podemos optar por retuitearlos. Sin lugar a dudas soy una tuitera novata y no puedo disimular que estoy fiebrando. También con todas las voces de nueva creación. Los que ya son expertos en estas lides sabrán perdonarme. Me gusta ir con los tiempos y estar al día con las palabras correctas es una forma hermosa de mantenernos actualizados.

Claridad y sencillez


190 Verano 2005 124Atender el servicio de consultas de la Academia Dominicana de la Lengua conlleva la satisfacción de encontrarse con hablantes interesados por el buen uso del idioma. Es el caso de los lectores que muestran preocupación por el uso del verbo *aperturar (recordemos que el asterisco suele usarse cuando nos referimos a palabras o expresiones consideradas incorrectas). 

Estos hablantes se referían a la aparición en Diario Libre de frases como “Supermercado apertura nueva sucursal” o “Diseñador aperturó casa de modas”. No encontrarán el verbo *aperturar en el DRAE; sí en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española, que registra su uso en varios países americanos. Se trata de una creación innecesaria a partir del sustantivo apertura. La consulta del CREA (Corpus de referencia del español actual), disponible en la página electrónica de la Real Academia, nos aporta nuevos datos. Comienza a usarse en el último cuarto del siglo XX (he encontrado un ejemplo en la prensa limeña de 1975) sobre todo en textos periodísticos. 

¿Por qué es un verbo innecesario? Porque para expresar el mismo significado disponemos del verbo abrir, clásico y elegante. *Aperturar no aporta ningún matiz que lo haga imprescindible para expresar algo que no pudiéramos expresar con abrir. Un caso similar es el de la locución adverbial *a lo interno utilizada en lugar del adverbio dentro. A veces los hablantes, en nuestro afán por expresarnos con variedad léxica, olvidamos que la sencillez y la claridad son fundamentales. Nos dedicamos a curcutear la palabra más rebuscada porque creemos que así daremos categoría a nuestra expresión. Y nos equivocamos.

 

De tumbarrocíos


Tumbarrocío Foto de Guillermo Armenteros

Tumbarrocío Foto de Guillermo Armenteros

 

Inés Aizpún me preguntó en una entrevista cuál era para mí la palabra más hermosa del español dominicano. Nunca me lo había planteado pero no lo dudé ni un instante. Tumbarrocío, le respondí.

Se trata de un precioso sustantivo compuesto con el que se designa a un pequeño pajarito que vuela en nuestros campos y que, al posarse, hace caer las gotas de rocío de las hojas. Es una imagen poética creada váyase usted a saber cuándo por un hablante con la suficiente sensibilidad para detenerse a contemplar la naturaleza.

Esta palabra se ha creado por composición, un método tradicional en español para la formación de nuevas voces. El verbo tumbar y el sustantivo rocío se unen para crear una nueva voz. Su ortografía también es interesante; el sonido /rr/, representado con r inicial en rocío, pasa a ser representado por el dígrafo rr en posición intervocálica en tumbarrocío. El detalle más interesante es que el verbo tumbar, usado en una acepción característica del español americano, ha sido muy feraz a la hora de generar palabras. Sus compuestos siguen la misma estructura: verbo tumbar + sustantivo complemento directo.

Seguro que les suenan, más bien les resuenan, los atronadores tumbagobiernos, esos artefactos pirotécnicos que hacen temblar nuestros tímpanos y a los que en Venezuela se les denomina tumbarranchos (aquí aparece de nuevo el dígrafo rr entre vocales). Abundan también los tumbafondas (¿quién no se los ha encontrado comiendo a costa de los demás en las comilonas navideñas?). Pero, sin duda, los que aparecen con más frecuencia son los tumbapolvos.

Probablemente cada uno de nosotros tengamos nuestra palabra favorita. Unas veces será su sonido, otras su significado, otras su ortografía. Estos ingredientes se combinan en las palabras y les aportan su poder de evocación. Las palabras nos pertenecen: aprendamos a disfrutarlas.